Apretar los dientes mientras dormimos. Sufrir dolor mandibular. Descuidar el cepillado en etapas de ansiedad o depresión. La salud mental y la salud oral mantienen una relación mucho más profunda de lo que tradicionalmente se pensaba, y la evidencia científica empieza a confirmarlo con claridad.
El Informe Técnico sobre Salud Oral y Mental impulsado por el Consejo General de Dentistas y la Fundación Dental Española analiza cómo factores emocionales y psicológicos pueden influir directamente en la aparición de patologías bucodentales.
Uno de los fenómenos que más ha crecido en los últimos años es el bruxismo. Según los datos recogidos en el informe, la percepción de este problema se ha disparado tras la pandemia, especialmente entre adultos jóvenes. El estrés mantenido, la ansiedad y los trastornos del sueño aparecen como algunos de los factores más relacionados con este hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes.
El documento también advierte de que muchos pacientes con depresión o ansiedad presentan peor higiene bucodental, más riesgo de caries y enfermedad periodontal, así como dificultades para acudir regularmente al dentista.
Además, determinados medicamentos utilizados en salud mental pueden producir xerostomía o boca seca, aumentando el riesgo de patologías orales.
Desde el COEL insistimos en la necesidad de reforzar la prevención y las revisiones periódicas, especialmente en pacientes sometidos a situaciones de estrés crónico o con trastornos emocionales diagnosticados. La salud oral no puede entenderse de forma aislada: forma parte del equilibrio general de la persona y también de su bienestar emocional.



