La enfermedad de Alzheimer plantea retos específicos para la atención odontológica que aumentan a medida que progresa el deterioro cognitivo. La pérdida de memoria y de destreza puede hacer que una persona deje de cepillarse correctamente, olvide hacerlo o llegue incluso a no comprender la finalidad de esta rutina. El resultado puede ser un incremento de las caries, los problemas periodontales y otras patologías orales.
Por ello, desde el Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Lugo queremos poner el foco en un aspecto especialmente importante para nuestra práctica profesional: actuar antes de que la pérdida de autonomía dificulte la prevención y el tratamiento.
Una revisión temprana permite anticiparnos
Tras un diagnóstico de Alzheimer, resulta recomendable realizar una valoración odontológica completa lo antes posible. En las fases iniciales existe generalmente una mayor capacidad de colaboración, lo que facilita tratar las patologías presentes y establecer una estrategia preventiva pensando en la evolución futura del paciente.
A medida que avanza la enfermedad pueden aparecer, además, otros condicionantes. Determinados medicamentos y la disminución del flujo salival pueden favorecer la xerostomía, aumentando el riesgo de caries y provocando dificultades para masticar y deglutir. Las prótesis también requieren especial vigilancia para comprobar su higiene, adaptación y posibles lesiones en la mucosa.
Especialmente relevante es la dificultad para identificar el dolor. En fases avanzadas, algunos pacientes pueden no ser capaces de comunicar una molestia dental. El rechazo de alimentos, la irritabilidad, las alteraciones del sueño o tocarse repetidamente la cara o la boca pueden convertirse entonces en señales que debemos tener en cuenta.
Adaptar la consulta y trabajar con cuidadores
La atención odontológica debe evolucionar con las necesidades del paciente. El Consejo General de Dentistas recomienda mantener el cepillado con pasta fluorada al menos dos veces al día, incorporando progresivamente la ayuda del cuidador; controlar la sequedad bucal; revisar y limpiar adecuadamente las prótesis y adaptar las consultas mediante citas cortas, ambientes tranquilos e instrucciones sencillas.
La coordinación entre dentista, médico, familiares y cuidadores adquiere así un papel fundamental, especialmente cuando aparecen dificultades relacionadas con la higiene, la alimentación, la deglución o la comunicación.
También debemos ser prudentes al hablar de la posible relación entre enfermedad periodontal y Alzheimer. Los estudios disponibles muestran una asociación entre periodontitis, pérdida dentaria y una mayor frecuencia de deterioro cognitivo y demencia, pero no está demostrada actualmente una relación directa de causa y efecto.
Nuestro objetivo debe ser, por tanto, claro: prevenir enfermedad, mantener una boca funcional y sin dolor y preservar, durante el mayor tiempo posible, la calidad de vida y la dignidad de nuestros pacientes.



